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Mujeres que corren con lobos. H1

Mujeres 

 

Como tú y como yo, que corren con lobos.

Hace tiempo que tenía en la cabeza que una de las newsletters fuera sobre historias reales de mujeres que pueden inspirar y ayudar a otras mujeres. 

Creo firmemente en la frase de Rebecca Campbell: “Alza tu voz, y con ello ayudarás a que otra mujer alce la suya”. Y es el mismo principio que sirvió como base a Clarisa Pinkola Estés en el libro que da título a esta serie de newsletters que hoy inauguro. 

Será una newsletter mensual y si alguna de vosotras siente que quiere contar una historia es muy bienvenida. Podéis enviármela y decidir si queréis firmarla con vuestro nombre o yo la cuento en 3ª persona, con vuestra inicial, para preservar vuestra intimidad. 

Siempre con la idea de que nombrarla puede ayudar a otra mujer. Al mismo tiempo, ayudará a sanar a la mujer que nombra. 

La primera historia, es de Sandra, sólo Sandra. Mujer. 49 años. 

El Cuerpo y la Opinión de los demás
 

Antes que nada, quiero ponerte en contexto pues es importante para la historia que sigue. Durante 17 años de mi vida tuve anorexia, un complejo transtorno alimentario. Llegué a ella sin saber muy bien porqué. Hoy sé que necesitaba cubrir con control la separación de mis padres, que, en en mi adolescencia, tuvo un impacto enorme en mí. 

Como recién adolescente descubría la presión por si mi cuerpo gustaba o no, y eso ayudó a que me agarrara a ello como pilar. Si ocupaba mi mente con ello, no pensaría en lo que sentía. Escapar era más fácil. Hoy estoy sanada pero la herida yace debajo de mi piel. 

Es viernes 15 de septiembre y son las 6.45 am. Hace pocos días, disfrutando de unas vacaciones en Francia, viví una situación muy incomoda con mi cuerpo, y con “el otro”, en este caso, un desconocido.

Yo y mi pareja, entramos en un restaurante que salía recomendado. Yo llevo un vestido que dibuja mi cuerpo de color buganvilla. Nos da la bienvenida el propietario. Un hombre de unos 55/60 años de cuerpo opulento. Quiere hacerse el simpático. No entenderé nunca este tipo de falsa acogida. Pues se nota cuando es falso. Nos cuenta que sólo dispone de un menú de 39 euros y que si nos parece bien genial y que, si no, tengamos buen día. Acto seguido, me mira y me dice algo tipo “dado que ella tiene que comer por 2 pues seguro que irá bien” . Presupone, que estoy embarazada. Sí. Y sigue con algún otro comentario al respecto.

Siento una patada en mi interior, en la tripa. Y durante segundos me quedo paralizada. ¿Qué me ha dicho? Saltan mis alarmas del pasado, por más que esté sanada y que forme parte del pasado, la herida está y este señor en 2 minutos y sin conocerme de nada la activa.

Siento rabia e invasión. Ganas de gritar. Me siento totalmente invadida en mi intimidad, en mi cuerpo. ¿Quién es este hombre para opinar sobre mi cuerpo, en la recepción de su restaurante!? No le conozco de nada! Yo he ido a comer y pasar un buen rato ¿y él ha querido hacerse el gracioso? A mí, no me ha hecho ninguna gracia.

Quizás piensas que mi reacción es exagerada, pero yo siento que NO debo aceptar, como mujer, un comentario gratuito sobre mi cuerpo. ¿He entrado yo en su restaurante y le he dicho algo respecto a su físico? No lo haría jamás ni aún conociéndole. Para mí es un tema muy personal y merece mucho respeto y tacto. Sea mujer, hombre, como ser humano, me merece todo el respeto del mundo!

Pero no es así para todos.

Sentados en la mesa, y yo muda, mi pareja, que percibe perfectamente lo que ha pasado, me dice ¿Quieres que nos vayamos? Sí, respondo. Necesito salir de allí, darme un tiempo, respirar profundo, atender eso que se ha abierto… siento cierta ansiedad y tanta incomodidad. Es mi cuerpo.. Sigue aquí la historia

Gracias por leerme. Me encantará leerte, si lo sientes
 

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