Esa conexión profunda con nosotras, que
es natural en la mujer, muchas veces se apaga.
Se debilita por exigencias externas, por el
paso del tiempo o porque nunca nos
enseñaron a vivir nuestra belleza de forma
libre y amorosa.
Y eso, deja huella en nuestro ser,
en nuestro corazón.
En nuestra vida y relaciones.