Buenos días, Bella.
Hace poco leí esta frase: “la belleza es espiritual”, y pensé: es cierto.
En mi caso, hay un antes y un después de vivir e integrar la espiritualidad en mi vida.
¿Qué significa eso exactamente?
La belleza es consciencia, y eso cambia para siempre tu forma de mirarte y de hablarte a ti misma.
Y eso, querida,
lo cambia todo.
Y menos mal,
porque depende de nosotras.
Recuerdo perfectamente cuando, con 17 años, en plena explosión de mi trastorno de conducta alimentaria (anorexia), en una de esas comidas familiares difíciles —que para mí eran un mundo y una batalla con toda mi familia—, mi padre, lleno de dolor y también de culpa, me decía:
“Sandra, es un click, de verdad, hazme caso, solo tienes que hacer un click.”
Y yo, en ese momento, con todo mi caos adolescente, pensaba:
“¿Pero qué click? ¿Y cómo se hace eso?
Y a la vez me enfadaba, porque sentía que ellos pensaban que cambiar el chip era fácil,
y para mí estaba siendo imposible, por más que lo deseaba.
Hoy sé que ese “click” del que hablaba mi padre era la consciencia.
Pero claro, en 1991 esto de la consciencia era algo muy poco conocido.
Nadie de mi alrededor utilizaba jamás esa palabra: ni en el cole, ni en amistades, familia, tele… Sí, estaba en los libros, pero yo y todo mi alrededor estábamos en otra frecuencia.
No fue culpa de nadie. Fue así.
Y viví esto por algo, lo sé.
Hoy sé por qué: para ayudarte. Para ayudar a las mujeres que hoy no se sienten bien.
En un cuerpo que no les gusta o con el que se sienten desconectadas.
Con una belleza que no acaban de apreciar o de sentir en sus tejidos.
Con un diálogo interno duro y mucha exigencia con ellas mismas.
Con una culpa que aparece una y otra vez.
Yo he vivido todo esto,
y fueron el cuerpo y la consciencia las llaves que lo cambiaron todo.
Y esto, Bella, es HABITARME.
Porque sé que hay otro lado,
y la paz que habita en él.
Siguen sucediendo cosas en la vida —altibajos, crisis, problemas—, sí,
pero la relación contigo jamás vuelve a ser la misma.
Llega el respeto, y con él la fluidez, la coherencia, la presencia, la libertad y la sensualidad.
Ese era el “click” del que hablaba mi padre.
Qué suerte que no estemos en 1991.
Qué suerte que muchas mujeres caminaron ese camino antes que yo para guiarme.
Y la vida ha querido que hoy sea yo quien te lo traiga a ti.
Cada paso que he caminado me acompaña.
Se puede.
Y este domingo puedes dar el primer paso conmigo.
Quiero que sientas lo que es mirarte con otros ojos,
hablarte con ternura,
habitar tu cuerpo como un lugar seguro.
Este domingo abro aquí el acceso preferente.
No lo pienses demasiado. Siéntelo en tu cuerpo.
Si sientes el llamado, este es tu momento.
Con amor,
Sandra