Rendición. El poder del amor.

En Ciudadela, vivo recuerdos muy bonitos con mi pareja, recordando a mi padre, recordamos algunos de sus lugares, estoy feliz y me dejo llevar. En cierta manera, hay una rendición en mí.

El amor que siento estando allí, me permite rendirme a lo que es y entre ensaimadas, sobrasadas y paseos pasamos unos bonitos días. Volvemos 1 día antes de mi cena con amigas, y a pesar de haberme sentido súper bien todos los días, el día de viaje, mi cuerpo habita el dolor en forma de migraña.

Lo paso mal, y agotada al llegar me voy a la cama. Por supuesto en mi mente está, la cena de mis amigas, ¿la podré hacer? Vuelvo a rendirme ante cualquier posibilidad, que sea lo que sea y me duermo. Me despierto muy bien. Es Miércoles, es la cena, y a pesar de estar un poco tocada, digo, «la hago», voy adelante con todo y conecto con la ilusión de tenerlas.

Es una cena hermosa, llena de risas, complicidad y amor. Hay un momento que me doy cuenta que me quieren, mucho, y que están allí para celebrarme y que las echo de menos. Me doy cuenta de la importancia que para nosotras como mujeres (sobretodo pasados los 40) tiene compartir con otras mujeres. Las veo a todas tan bonitas, y me siento inmensamente agradecidas. Tengo mucha suerte y la siento.

El día después soy consciente, del cambio grande que estos 2 acontecimientos han tenido en mi presente y seguramente futuro. He roto 2 creencias, he superado 2 miedos ; el miedo a ir a Menorca y el miedo a encontrarme mal si me celebraba con mis amigas. Veo como ese miedo, en realidad, yo lo alimentaba. Me bloqueaba a mí misma, a que aquello pudiera cambiar. Como creía que aquello iba a pasar ( encontrarme mal, no celebrar etc..) yo misma actuaba en esa dirección; no convocaba a mis amigas, no iba a menorca. Estaba limitando mi campo de posibilidades.

El amor, la gratitud que sentía este año hacia mi vida, a todo tal como era, y las ganas de querer «hacerlo distinto» de querer transformar esos miedos, porque merecía vivirme mejor, me dio la fuerza a cambiar mis creencias, a decirle que sí al miedo, a rendirme, ante un resultado que desconocía.

Me rendí a la posibilidad de que todo volviera a ser como siempre, pero me rendí a la vez a la posibilidad de que todo fuera distinto. Tomé acción hacia lo distinto.

Y ese fue el gran cambio y ese es el mensaje que quiero dejaros hoy aquí por si ayuda: ríndete, ábrete a todas las posibilidades, también a aquella que no crees posible, porque solo abriéndonos a la posibilidad ya la estamos cambiando.

Y agárrate bien fuerte al AMOR, de esa situación, persona, lugar , de eso que quieres que cambie , o simplemente al tuyo, porque en su inmensidad está la medicina.

Y es que siempre podemos escoger: Escojo el Amor. O escojo el miedo, con amor.

Gracias por llegar hasta aquí.  Sandra